miércoles, 26 de marzo de 2008

No me mires

1

Los menos neutros

que aparecen como empujados

por fuerzas contrapuestas

y se aparean

y proceden

dejando esquirlas incrustadas

en las orillas.

- en su sentido verdadero

la vida no es más que esto-

Una corriente de agua

con piedras eternas

formando cascadas,

alimentando pájaros.

Los sentimientos :

depredadores instintivos

rasgando tu cuerpo

tan lejano.

2

Él

- animal prematuro-

indaga en mis costuras.

Yo

- hoja ensalivada-

mojo el hábitat del lobo.

Tranquilo:

mi endometrio escupe

los ojos de tus vástagos

en always ultrafinas con gel.

3

Por favor no se detenga

todos tenemos un espolón

una cresta

un gancho

algo que lastime

algo que nos pudra.

Siga latigando

con su disfraz de anatomía

desnude la amable espalda

ponga entre mis dedos

sus lunares

deje que lo siga

déjese alcanzar.

Por favor no se detenga

présteme su aljibe

sus danzas tribales

el verdor definitivo.

Defíname " después"

hágalo aún en corcoveo

¿Quién sabe de qué insecto

se vestirá su piel

después de muerta?

4

Las que a veces

supuran del tálamo,

se abejan

retumban

se retuercen

- esfímeras pasiones-

sobre el silencio

que las contiene

Ellas, las traslúcidas

como gotas nuevas,

mujeres que fueron

sobre su cama

en pretéritos perdidos.

5

tampoco hubo indicios

esta vez

de una operación aérea, fallida,

- tejo una manta rosa y ocre

punto por punto, tarde por tarde-

ciertamente

reservo mis antecedentes

para otros descuidos

menos aromáticos

ensalivo la punta del índice,

lo refriego contra el vidrio,

dibujo una anciana muerta,

el vaho tentador

la circunda,

otras mujeres

fertilizarán la cuna

del cuerpo nuevo

6

vertical me interroga:

¿la subalterna

va a seguir ocupando

su rincón?

minan la vida

esos ojos que sangran

y cada paso que doy

estalla ,

- inevitable-

en su sexo

de hombre impar

7

Contra tu cuerpo

que liga los elementos

la noche desvestida

se apoyaba.

¿Dónde mi rostro de barro

puso la lluvia para esfumarse?

8

Tiré el medio paquete de harina que quedaba, les tengo pavor a las cosas orgánicas que perduran en el tiempo, incluso a los amantes.

Daniela Piccione

danielap@netcoop.com.ar

martes, 5 de febrero de 2008

Volver


Volver a abrir las manos
hasta que las manos
retuerzan
la soga de los días
hasta que la ahoguen
hasta que la griten
hasta que vuelva a oler
a polen de torcazas
hasta que cada pétalo
de cada camelia
oxidado y sin sur
se estrelle contra la vida.
Volver a asir la punta
de todo lo que cabe
de todo lo que infecte
de todo lo que muela
sangrar hasta encontrar
la astilla que supura
el perfume a madera
las cenizas del comienzo.
Volver como vuelven
los trenes de la tarde
oliendo a cardos y óxido
masticando la humedad
de las pieles antiguas
rozando su nombre
así, como al descuido.
Volver de las cosas triviales
de la ropa tendida
de las ventanas encendidas
de la tarde del domingo
de los hijos en la falda.
Y hacerte existir descalzo
aquí, junto a los trenes,
con la tarde que revienta
sus cardos oxidados
sus terribles camelias
su humedad de comienzo.

Daniela Piccione

Ignacio y mis agujas.


Tejo incansablemente un pulóver blanco
Ignacio me mira pasar la lana
yo con el rabillo descuidado
asalto por instantes esos ojos
- me los quedo -
río a media risa el holocausto
de vérselo en vuelo de cometas
con pelota bajo el brazo y descosido
cazando a coro e grito una palabra.
El sigue mirando mis agujas
yo sigo tejiéndome en sus ojos.


Daniela Piccione

Manu y el naranja



Cuando la tarde sangra de naranjas
sus mejillas se salpican de arreboles
y un intenso calor me lo aproxima
de tierra de cabellos o roturas
Manu enjuicia con su índice mis nones
y se ríe de los ojos para adentro
traduciendo su espacio en una mueca
Manu archiva cada tarde mi paciencia
dibujando en las paredes helicópteros
se bebe como un sabio los perdones
y avanza en zapatillas desatadas.
Cuando la noche por oscura me lo acerca
su fantasma se arrincona con mi puerta
y él descalzo sin arreboles ni naranjas
se abroja en miedos por mis manos.

Cuando la parábola del tiempo me lo esconda
voy a temer haber perdido sus caricias
voy a temer de sus piratas el cuchillo
voy a temer no ser de madre en su naranja.

Daniela Piccione

viernes, 25 de enero de 2008

Precio


Para encarecer el precio
él da muestras gratuitas,
deja un rastro de obstáculos,
sonríe terrible,
pago veinte malditas noches
-en vigilia-
por ese animal doméstico
que mastica mi cabeza
que antítesis sedienta
tan tenue la lágrima caída
brutal el amor que la provoca Daniela Piccione

Finales


Mi infancia tenía rincones más amargos
y la tarde amagaba con sus soles
ir hasta el silencio más pagano,
mi madre tenía mi infancia
prendida de sus pechos,
cubierta con mantas de lana,
hilvanada con puntos precisos.
El hombre que me termina
abre los ojos despacio,
tiende a quedarse dormido,
está al acecho del mundo,
me acusa y se me pone.
Mi infancia pedía sus labios
para abrir más palabras,
leía llena de estrofas y pájaros,
hacía la siesta recostada en los aleros,
mi infancia de árboles y hembras.
El hombre que me hace final
mira la sombra de mi madre
escondida entre pliegues de los muslos,
la espanta, la corre, la aprisiona;
y mi madre lo mira agujereada,
recortando los hilos de a pedazos,
buscando con los ojos sus finales.
Daniela Piccione

Borrador


Estimado señor opaco:
devuélvame la magia
el plasma de las palabras
el dolor que fluye
los amores nauseabundos
Míneme, destrúyame
envuelva su baba elástica
en el grito que presiento
hágame puta y pasajera
huélame el mundo, perfúmelo
Pretendo una manada,
un lugar exacto y libre
una ración de abejas
el sentido de lo nuevo.
Absórbame, ,
ate al perro de sus ojos,
amánseme distante,
deje que por fin la huella
se llene de agua y vuele.
Porque así,
seguiré amando
su borrador de hombre.

Daniela Piccione